domingo, 27 de octubre de 2013

Buda evita una guerra

En cierta ocasión Buda evitó una guerra que estaba a punto de estallar entre los shakyas y los kolis. Entre las ciudades de Kapilavastu y Koli corría el río Rohini; a través del río había sido construido un dique que permitía a la gente de ambos territorios irrigar sus campos. Sucedió que hubo una gran sequía y los campesinos de ambos lados reclamaban el único derecho a la poca agua que quedaba. Los rivales reclamantes se trataron unos a otros de la peor forma posible, y el asunto, llegando a los oídos de los príncipes de cada territorio, muy exagerado por los rumores, llevó casi a un estallido de guerra, y la cuestión fue tan lejos que los ejércitos de los shakyas y los kolis acamparon contra cada una de las orillas opuestas del disminuido río. En medio de esta crisis Buda percibió lo que estaba sucediendo, y yendo por el aire, y al mismo tiempo haciéndose visible, llegó al lugar de la batalla. Los shakyas bajaron sus armas por respeto a él, a quien consideraban la joya de su raza, y los kolis siguieron su ejemplo. Buda preguntó si estaban reunidos para una fiesta del agua, y, siendo informado que era para una batalla, preguntó la causa. Los príncipes dijeron que ellos no estaban bien seguros, pero que le preguntarían a sus generales; éstos a su vez preguntaron a sus oficiales subalternos, y así hacia abajo hasta que llegaron a los campesinos vulgares. Cuando Buda fue informado de la causa preguntó por el valor del agua, y habiéndosele dicho que era muy bajo, preguntó cuál era el valor del hombre, y le dijeron que era muy alto. «¿Por qué entonces», preguntó, «proponéis tirar lo que es de mayor valor por el bien de lo de pequeño valor?» Este convincente argumento fue suficiente para terminar el asunto.
Al mismo tiempo se decidió que doscientos cincuenta príncipes de cada bando se convertirían en discípulos de Buda. Lo hicieron involuntariamente y no por su propia elección. Sus esposas no bien supieron de ello protestaron amargamente. Buda, sin embargo, pudo persuadir a los príncipes de que lo pensaran otra vez, y no pasó mucho tiempo hasta que entraron por las sendas de la Liberación y se convirtieron en arhats. Ellos permanecieron totalmente indiferentes cuando sus esposas enviaron otra vez mensajes implorándoles que regresaran a sus hogares.

La admisión de mujeres


Este asunto llevó a la primera admisión de las mujeres al sacerdocio: las esposas de los quinientos príncipes, junto con la reina-madre Prajapati, coesposa con Mayadevi y ahora viuda de Suddhodhana, quien había muerto recientemente. Ella pidió que fueran admitidas al sacerdocio. Buda denegó la petición tres veces, después de lo cual ella no quiso volver a insistir. Después de volver a casa, las damas, sin embargo, decidieron actuar vigorosamente; cortaron sus cabellos, se impusieron vestimentas pobres y partieron a pie hacia el lugar donde residía Buda. Ellas, que estaban acostumbradas a caminar sobre alisado mármol y a ser protegidas del calor del sol y de la violencia del viento, pronto quedaron exhaustas y llegaron a la ermita en una condición verdaderamente de desamparo y desvanecimiento. Otra vez Prajapati pidió ser admitidas. Ananda ahora suplicó por ellas teniendo en cuenta los esfuerzos que habían soportado. Buda todavía se negó. Entonces Ananda preguntó si una mujer, si era admitida, podría entrar por las sendas y alcanzar la Liberación. Buda sólo pudo responder preguntándo silos budas nacían en el mundo solamente para el beneficio del hombre. «El camino está abierto tanto para los hombres como para las mujeres», diio. Otra vez Ananda le recordó que en un ocasión anterior él había anunciado que en un postrer momento la mujer sería admitida. Buda entonces vio que había llegado el momento de establecer la orden de las monjas. Su resistencia había sido causada por su conocimiento de que el hacerlo así conduciría a dudas de habladurías escandalosas de su orden por aquellos que aún no eran sus seguidores.

Devadatta planea maldades


El ministerio de Buda no estaba completamente libre de oposición. No sólo los filósofos brahmanes eran frecuentemente sus fuertes oponentes en las controversias, sino también su primo Devadatta, quien a través de incontables pasados nacimientos había sido su amargo enemigo. incluso intentando asesinarlo. Aunque Devadatta había alcanzado grandes poderes mediante meditación y ascetismo, todavía estos poderes, debido a su malvada naturaleza, en lugar de ayudarle a alcanzar la Liberación, lo involucraban en absoluta ruina. Él se estableció a sí mismo en la corte del rey de Sewet, con quinientos monjes suyos, y, apoyado por el príncipe Ajasat, obtuvo mucha influencia. Por consejo de Devaratta. Ajasat primero intentó matar a su padre con violencia y posteriormente provocó su desnutrición hasta la muerte, para obtener el reino para sí mismo. No mucho después de la asunción de Ajasat, Devadatta le pidió una tropa de quinientos arqueros para matar a Buda. Eligió entre ellos treinta y uno, y ordenó al primero matar a Buda, a los dos siguientes matar al primero, a los cuatro siguientes matar a los dos, y a los últimos dieciséis los designó para matarlos él mismo, de modo que el asunto pudiera ser mantenido en secreto. Buda, sin embargo, aunque bien consciente de sus intenciones, recibió al primero y a todos los demás arqueros a su turno muy amablemente les predicó, de modo que ellos entraron en la senda para liberarse y se convirtieron en sacerdotes. En otra ocasión Devadatta mismo proyectó una gran roca hacia Buda cuando éste iba caminando bajo un alto acantilado, pero ésta se ronipió en pedazos y sólo hizo una herida insignificante al pie de Buda.
Devadatta elaboró un plan secreto. Había un feroz elefante llamado Malagiri, acostumbrado a beber cada día ocho medidas de cerveza. Devadatta ordenó que un determinado día debía recibir dieciséis medidas; una proclama real también fue emitida para evitar que alguna persona permaneciera en las calles; se esperaba que el elefante destruyera a Buda cuando éste saliera en busca de limosna. La noticia de esto llegó hasta Buda a tiempo, pero él no cambiaría su costumbre: y al día siguiente todos los balcones estaban llenos de amigos y enemigos de Buda, los primeros deseosos de ver su victoria, los últimos esperando su muerte. Cuando Buda se aproximó, el elefante fue soltado, y pronto comenzó a destruir las casas y a mostrar su malvado temperamento de otras formas. Los monjes suplicaron a Buda que escapara, dado que el elefante desconocía evidentemente sus méritos. Entonces muchos de los monjes pidieron permiso para ponerse delante de Buda a fin de protegerlo; pero él respondió que su propio poder era una cosa y el de sus discípulos otra. Cuando al final Ananda se aventuró a ponerse al frente, Buda con autocontrol le obligó a mantenerse atrás. Poco después una pequeña niña corrió fuera de una casa y el elefante casi la mata, pero Buda gritó: «No se pretendía que atacaras a otro que no fuera yo; no desperdicies tu fuerza en otro.» Pero cuando el elefante vio a Buda toda su furia amainó, y se aproximó a él de la forma más amable y se puso de rodillas ante él. Buda encargó al animal que nunca hiriera a nadie otra vez, sino que fuera amable con todo el mundo, y el elefante repitió los cinco mandamientos en voz alta en presencia de toda la gente; realmente, si él no hubiera sido una criatura de cuatro patas, podría haber entrado por la senda para liberarse. Cuando la gente vio esta maravilla el ruido de aplausos y gritos fue como el mar o la tormenta. Cubrieron al elefante con joyas, y ochenta y cuatro mil personas entraron en la senda. No mucho tiempo después de esto Ajasat se convirtió y se volvió un partidario del grupo de Buda. Cuando Ajasat partió del monasterio después de este evento Buda señaló: «Si el rey no hubiese asesinado a su padre, podría haber entrado hoy por la primera senda. Dado que lo ha hecho, será salvado del más bajo infierno, donde si no hubiera debido permanecer una época entera. Él pasará sesenta mil años en los otros infiernos; entonces después de largas épocas pasadas con los dioses nacerá en la Tierra y se convertirá en un buda.»
Devadatta ahora estaba en desgracia, pero odiaba a Buda aún más. Sin embargo, juntó otro grupo de discípulos, en número de quinientos. Pero Buda envió dos de sus seguidores más sabios para predicar a los de Devadatta, y citando él dormía todos partieron para seguir a Buda. Devadatta entonces cayó enfermo y permaneció así durante nueve meses, después de los cuales se decidió a ir a pedir el perdón de Buda. Buda no tenía mala voluntad hacia Devadatta, pero infonnó a los monjes: «Devadatta no verá a Buda; tan grandes son sus crímenes que ni siquiera mil budas podrían salvarlo.» Devadatta, sostenido en su palanquín. se acercó más y más al monasterio de Buda: pero cuando puso pie en tierra en la entrada se alzaron llamas desde lo más profundo del infierno y envolvieron su cuerpo en sus pliegues, primero los pies, luego su tronco, luego sus espaldas. Llamó a Buda pidiendo ayuda y repitió un verso de un himno, con el cual aceptó las tres piedras: el Buda, la Ley y la Iglesia; y esto le ayudó eventualmente, aunque de todas formas fue al infierno y recibió un cuerpo de fuego de mil seiscientas millas de alto.

La liberación final de Buda


Ésta fue la forma en que murió Buda, llamada Parinirvana, o Liberación Final. En el año cuarenta y cinco de su ministerio Buda sufrió una severa enfermedad y declaró que no viviría más. Mientras vivía en la ciudad de Pawa fue recibido por un buen herrero llamado Chunda. Éste preparó una ofrenda de cerdo, que fue la causa de una enfermedad que concluyó con la muerte. Buda se puso muy débil y partió para Kushinagara, pero tuvo que descansar muchas veces en el camino. Todo esto fue soportado para que otros pudieran recordar que nadie está exento de la avanzada edad, decaimiento y muerte. Al final Buda llegó a la ciudad, y allí se dirigió a Ananda como sigue: «Informa al herrero Chunda que su ofrenda traerá una gran recompensa, dado que será la causa inmediata de que yo alcance Nirvana. Hay, realmente, dos ofrendas que traerán gran recompensa: una fue dada por Sujata antes de que yo alcanzara la suprema sabiduría, la otra fue justo ahora habiendo sido hecha por Chunda. Éstos son los dos más destacados obsequios.» Buda habló así para que Chundra no sintiera remordimiento, o fuera culpado por otros; pero él había dado órdenes estrictas de que el sobrante de la ofrenda fuese enterrado. Buda se tumbó en un carro en un bosque de árboles sal cerca de Kushinagara. Envió un mensajero informando a los príncipes de Malwa de su llegada, sabiendo que su remordimiento sería muy grande si él muriera sin que ellos pudieran verlo una vez más. Así fue como una gran compañía de reyes y príncipes, nobles y damas de la corte, junto a innumerables sacerdotes, y los devas y brahmanes de los diez mil mundos, se reunieron alrededor del lecho de muerte de Buda. Todos lloraban y retorcían sus manos, y se inclinaban hasta el suelo por su pena. Esta ocasión ha sido objeto de incontables cuadros, similar en sentimiento a la Pietas cristiana.
Buda preguntó si los sacerdotes tenían alguna última pregunta que hacer, pero como ellos no tenían dudas en ningún punto permanecieron callados. Un brahmán de Kushinagara, sin embargo, llegó deseando discutir algunos asuntos; Buda no se negaría y al final él se convirtió en un discípulo. Ninguno de sus discípulos estaba más comnovido por la pena que Ananda. Buda le había dado instrucciones acerca de su entierro y de las reglas que debían ser observadas por los monjes y monjas. Entonces dijo: «Ahora parto para Nirvana; dejo mis ordenanzas; los elementos del Todo-lo-Sabe realmente pasarán, pero los tres grandes valores permanecerán.» Pero Ananda se abatió y lloró amargamente. Entonces Buda continuó: «Oh Ananda, no te atormentes; no llores. ¿No te he enseñado que debemos partir de todo lo que nos es más querido y placentero? No ha nacido o ha sido creada criatura alguna que pueda vencer la tendencia a la disolución inherente a sí mismo; una condición de permanencia es imposible. Por un largo tiempo, Ananda, tu amabilidad en la acción y en el pensamiento te han acercado mucho a mí. Siempre has hecho el bien; persevera y tú también ganarás la perfecta libertad de esta sed de vida, esta cadena de ignorancia.» Entonces se volvió a los otros deudos y les encomendó a Manda. Dijo también que ninguno de los presentes que ya hubiese entrado en la senda de la Liberación fallaría totalmente, sino que al final triunfaría y alcanzaría Nirvana. Después de una pausa dijo otra vez: «Mendigos, yo ahora les digo que las riquezas y poderes del hombre deben desaparecer; conseguid vuestra salvación con diligencia.» Poco después Buda se quedó inconsciente y falleció.

Los príncipes Malva, en cuanto se recobraron un poco de su pena, envolvieron el cuerpo pliegue sobre pliegue de finísima tela y durante seis días el cuerpo yació presente. Luego fue quemado en una magnífica pira en el salón de coronación de los príncipes. Ellos no fueron capaces de encender el fuego de la pira, sin embargo se encendió espontáneamente. El cuerpo se consumió completamente, dejando sólo restos como un montón de perlas. Lo principal de esto, posteriormente, fue sepultado en un monumento glorioso: los cuatro dientes, dos huesos del carrillo y el cráneo.

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